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Thaíssa e Julián sentados de costas na borda, olhando a parede do tepui na neblina

Monte Roraima · Brasil, Venezuela y Guyana

91 km con mochilas de 18 y 20 kg en la espalda. ¿Tú lo harías?

Esta fue la caminata más difícil que hemos hecho.

Fueron 91 km de caminata, varios días cargando todo en la espalda y un paisaje que cambiaba por completo a lo largo del camino. El Monte Roraima fue, hasta hoy, la caminata más exigente que hemos hecho.

El viaje ya se había aplazado antes y, cuando finalmente ocurrió, llegamos sabiendo que sería duro. Lo que no se podía prever era en qué momentos la caminata iba a exigirnos más.

A savana aberta com a parede do Roraima ocupando todo o horizonte

Qué hace al Monte Roraima tan distinto

El Monte Roraima es un tepuy, una enorme meseta rodeada de paredones que se levanta en medio de la sabana. La cima llega a 2.810 metros de altitud y está dividida entre Venezuela, Guyana y Brasil.

La caminata empieza mucho antes de la subida final. Durante días atravesamos la sabana viendo el Roraima en el horizonte y acercándonos de a poco. Cuando empieza el tramo más empinado, el terreno cambia por completo y, en unos cuatro kilómetros, son aproximadamente 900 metros de desnivel.

Julián caminhando com a mochila cargueira, visto através do capim alto Thaíssa de mochila cargueira, parada na trilha dentro da mata

La subida

El día de la subida concentra buena parte de lo que hace a esta caminata tan intensa. El camino deja la sabana, entra en la roca y se va inclinando en cada tramo. El paisaje también cambia rápido: la vegetación, el clima y la sensación de estar llegando a un lugar completamente distinto.

Cuando por fin llegamos a la cima, parecía que habíamos cambiado de escenario de un momento a otro. Roca oscura, neblina atravesando el camino, piscinas naturales y formaciones que no se parecen a nada de lo que había aparecido en los días anteriores.

Duas figuras minúsculas na ponta de uma laje suspensa sobre o vazio, cercadas de nuvem

La bajada

La bajada fue el tramo que más nos exigió. Después de llegar a la cima, todavía venía una secuencia larga de kilómetros, terreno irregular y el peso de las mochilas acumulándose en el cuerpo.

En el penúltimo día, el esfuerzo pegó más fuerte. Thaíssa llegó muy cansada al campamento del río, y aquel final de tarde se volvió uno de los momentos que más quedaron en la memoria del viaje.

En el último día todavía faltaban unos 15 km hasta Paraitepui. Ahí nos dimos cuenta de que la parte más difícil de la caminata no había sido llegar a la cima, sino seguir caminando cuando parecía que el cuerpo ya había dado todo.

As piscinas naturais do platô, com água escura entre a rocha rosada Julián de gorro, de olhos fechados, com a primeira luz da manhã no rosto

Qué nos quedó de esta caminata

El Monte Roraima fue uno de esos lugares que cambia de escenario, ritmo y dificultad todo el tiempo. Hubo sabana, subida, neblina, roca, cansancio, silencio y algunos de los paisajes más impresionantes que hemos visto.

También fue un viaje que dejó muy claro cuánto nos gusta vivir experiencias que exigen presencia y nos sacan de la rutina.

Thaíssa e Julián de rosto colado, cansados e rindo, no meio da trilha

El resto está en el video: las imágenes, las voces y los quilombos que no entran en texto.

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